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miércoles, 3 de febrero de 2016

LEYENDA URBANA. O "Scooby Doo y así se hacen los chismes"


LEYENDA URBANA
Urban Legend

Jamie Blanks, 1998

Para la segunda mitad de los 90, el subgénero slasher[1] tuvo un muy marcado repunte. Esto debido enormemente a la influencia de la obra del maestro Wes Craven Scream: Grita antes de morir (1996), que rendía homenaje a la vez que satirizaba las películas slasher de los 70 y 80. El legado de Scream… se extendió como la varicela en un jardín de niños y engendró películas similares de diversas calidades. Entre esta nutrida legión llama la atención la cinta de la que hablaré en esta ocasión: Leyenda urbana.
    Seguro todos hemos escuchado una leyenda urbana alguna vez. ¿No? ¿No escucharon de ese niño que logró dar una vuelta de 360° en el columpio? ¿Y qué hay de ese circo que se ponía antes en el terreno donde ahora está su escuela? Bueno, pero seguro conocen a alguien que conoce a alguien a quien le sirvieron una hamburguesa de rata en Burger King/McDonald’s/KFC... ¿No? ¿De verdad? ¡Vamos! Les apuesto a que en su vecindario o unidad habitacional hay una casa que todos saben que en realidad es un burdel, aunque a nadie le conste. Bueno, ya. Supongo que no creen en ese tipo de patrañas, como que hay gente desalmada que pone navajas de rasurar entre los dulces que regala a los niños en Halloween, ¿verdad? ¿Y qué tal los que ponen hojas de afeitar en los pasamanos de los juegos infantiles en el parque?


    Éstas son leyendas urbanas. Rumores llevados al plano casi mitológico que se encuentran profundamente arraigados en la cultura popular y que, con mayor o menor grado de verdad, suelen tener algún subtexto precautorio o moralizante y cuya autenticidad jamás puede verificarse pues siempre le pasan al amigo de un amigo.
    Pues así como Scream… es un tributo a los slasher films, Leyenda urbana lo es ‒lo juro, me lo contó el primo de un amigo‒ a las leyendas urbanas.
    La peli narra la historia de Natalie (la hermosa Alicia Witt, cuya carrera por alguna extraña razón nunca acabó de repuntar), una estudiante en la prestigiosa Universidad Pendleton en la que los alumnos comienzan a ser asesinados brutalmente. El asesino trata de recrear leyendas urbanas populares entre los jóvenes y parece estar ligado a una leyenda urbana nacida precisamente en Pendleton veinticinco años atrás. Los cadáveres se acumulan y Natalie corre una carrera contra el tiempo para descubrir al asesino ¿Será el profesor de folklore que solía estudiar en la Universidad (nuestro querido Robert Englund, o Freddy Krueger pa' los cuates)? ¿O el estudiante de periodismo cuya ambición parece sobrepasar los escrúpulos (Jared Leto)? ¿O será que el culpable no es otro sino el decano Adams (John Neville, a quien quizá recuerden como el líder del Sindicato en Los expedientes X: Combate al futuro [Bowman, 1998])? Será mejor que Natalie detenga al asesino antes de que la escuela se quede sin plantilla estudiantil y de que ella protagonice su propia leyenda urbana.


    En general se trata de una película entretenida y divertida que prácticamente calca la fórmula de Scream... supongo que por eso es tan eficiente. Del mismo modo que la obra de Wes Craven, Leyenda urbana juega al whodunit[2] retando al espectador a que descubra al asesino antes de que sea revelado, en una dinámica completamente heredada del cine giallo[3].
    Si Scream… jugaba con los clichés de las películas clásicas de slashers, esta cinta nos pone a adivinar ¿De qué leyenda urbana se trata? Y es un juego divertido que retoma varios clásicos, como el maniático con un hacha escondido en el asiento trasero del auto, o el asesino que llama por teléfono a la niñera sola desde el desván de la casa ‒si recuerdan, esta leyenda urbana ya había inspirado la película Residencia macabra, clásico slasher (Clark, 1974) setentero‒, o una interpretación más o menos libre de Bloody Mary.


    Además, si bien en los 90 hubo un resurgimiento del slasher, los slashers noventeros engendraron su propia colección de clichés. Por ejemplo, el elenco conformado por jóvenes y bellos talentos como Michael Rosenbaum o Tara Reid antes de su cirugía plástica desastrosa y no olvidemos a nuestra 90’s sweetheart, Rebecca Gayheart (a quien quizá recuerden por Juegos peligrosos (Stein, 1999)... o quizá no, nunca fue una película muy popular), o la escena en la que cualquier personaje canta muy emocionado mientras conduce su automóvil
    Asimismo, hay apariciones de actores icónicos del cine de horror de los 70 y 80 interpretando personajes secundarios, como el mencionado Englund, Brad Dourif (a quien quizá recuerden por su papel de Grimma Wormtongue en El Señor de los Anillos: Las dos torres (Jackson, 2002), aunque ascendió al Olimpo del cine de horror por ser la voz de Chucky, el muñeco diabólico) o la bella Danielle Harris (veterana de la saga Halloween).


    Parte esencial de un buen slasher es, por supuesto, la tradición del asesino enmascarado iniciada por Leatherface en La masacre de Texas (Hooper, 1973) y que fue seguida con fervor por películas como Halloween (Carpenter, 1978), El tren del terror (Spottiswoode, 1980) o Sangriento San Valentín (Mihalka, 1981). En el caso de Leyenda urbana, el homicida se siente un tanto falto de inspiración con su chamarra encapuchada y googles para esquiar. Como una versión sin personalidad del asesino de Sé lo que hicieron el verano pasado (Gillespie, 1997).
    Y por supuesto, ¿qué película slasher se jacta de serlo sin una secuencia de una chica pechugona corriendo en camiseta/escote? En este caso ese honor le corresponde a la Reid.   
    Y ahora, quisiera hacer un comentario sobre el contexto de la película. No me cansaré de decir que las películas de horror son termómetros sociales muy confiables. De tal suerte, ¿notan que la mayoría de los slasher de los 90 se desarrollan en escuelas? ‒H20: Halloween20 años después (Miner, 1998) me viene a la mente‒. Los chicos de aquella época estaban aterrados de ir a la escuela. Y no me refiero al miedo que nos da la escuela a todos en algún momento u otro de la vida; sino a miedo de verdad. Y es que en aquella época se dio mucha difusión a un problema que llevaba tiempo cocinándose: los tiroteos en escuelas. Quiero decir, finalmente, estamos hablando de la década que culminó con la Masacre de Columbine.


    En un sentido más profundo, esta película, al igual que la ya mencionada Scream o su cinta hermana Sé lo que hicieron el verano pasado, hablan de un miedo mucho más universal: El miedo a la Universidad. Seamos honestos, ¿quién durmió la víspera antes de su primer día en la Facultad? Además, con esas universidades pijas que aún mantienen el sistema de internado y que tan populares son en las películas estadounidenses, me imagino que la experiencia debe ser bastante más aterradora.
    En conclusión, ésta es una película divertida y sin mayores pretensiones que lo mantiene a uno bastante entretenido durante una hora y cuarenta minutos. Los asesinatos son más o menos ingeniosos y con escenas bien logradas, y la dinámica de Scooby Doo que siguen la mayoría de las películas de la época fluye de manera orgánica. Digo, sí es bastante malita ‒y no me hagan hablar de la secuencia en la que el “cadáver” del personaje de Harris parpadea‒; pero entretiene.


    La popularidad de la cinta fue suficiente como para engendrar dos secuelas Leyenda urbana 2 (Urban Legends: Final Cut [Ottman, 2000]) y Leyenda urbana 3 (Urban Legends: Bloody Mary [Lambert, 2005]) que más drásticamente que poco a poco, disminuyen su calidad y se alejan del concepto original de la primera. Creo que un poco la idea detrás de las secuelas era similar a la que tenía John Carpenter para la saga de Halloween: que cada peli fuera una historia independiente que girara en torno a una leyenda urbana... sólo que a nadie pareció importarle.
    A modo de cierre: Las actuaciones son mediocres en general ‒Gayheart raya en la caricatura en la escena climática de la cinta‒ y quizá la mayor desventaja de esta película es que, cuando se la compara con otras producciones como las que mencioné arriba, resulta bastante inferior e incluso a uno le dan ganas de dejar esta película y ver las otras y... ¿Saben qué? ¡Al demonio! Voy a ver Scream




PARA LA TRIVIA: No es casualidad que Alicia Witt, una actriz mayormente de televisión (aunque era la hija de Cybill Shepherd en su sitcom y cuando niña interpretó a Alia en la desafortunada Dunas [1984] de David Lynch), terminara con el rol protagónico de esta película. El papel fue ofrecido a prácticamente todas las actrices juveniles populares del momento, quienes lo rechazaron por una u otra razón. Así, una vez que Sarah Michelle Gellar, Reese Whiterspoon y Melissa Joan Hart se negaron a interpretar a Natalie, el personaje le fue ofrecido a Witt.
PARA LA TRIVIA GEEK: Danielle Harris y Brad Dourif volverían a compartir créditos, esta vez como padre e hija, en las Halloween de Rob Zombie.
EL SPOILER: En realidad, la identidad del asesino se revela varias veces a lo largo de la película si uno se fija en los apellidos de los personajes o si sabe latín.






[1] Término con el que se denomina a las películas de asesinos psicópatas, generalmente enmascarados, que matan a sus víctimas de formas brutales y creativas.
[2] “¿Quién lo hizo?” En inglés. Se refiere a las obras en las que el chiste es descubrir al asesino.
[3] Subgénero del cine de horror que mezcla el thriller detectivesco con elementos del horror. Se produjo principalmente en Italia con exponentes como Mario Bava o Dario Argento.


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